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24.2.10

Instrucciones para subir una escalera

"Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Instrucciones para subir una escalera
Historias de Cronopios y Famas
Julio Cortázar
El blog de Hugo Orell

27.11.09

Manual de instrucciones



Buster Keaton, One Week
(recomiendo sacar el sonido...)

Cuando pensábamos haber encontrado la manera perfecta de solucionar nuestros problemas a través de los manuales de instrucción, nos damos cuenta de que el mundo vuelve a cambiar las reglas de juego en nuestro entorno repleto de tantos y tantos folletos que nos guían en la peripecia de la vida. Manuales estos que cambian con mayor rapidez de la que somos nosotros capaces de leer, aunque sean instrucciones para muebles de IKEA, en los que lo importante no es aprender sino entender, donde no se trata de memorizar sino de relacionar. Ya no hay reglas de juego porque nosotros estamos dentro del juego, y las piezas se mueven y cambian a nuestro alrededor sin que sepamos hacia dónde, ni cómo, ni por qué. Quizás sea que el futuro ha quedado obsoleto, o mejor dicho, que estamos enganchados a un futuro donde por mucho que multiplicáramos por cien nuestra capacidad de evolución siempre nos enfrentaríamos a que lo que hemos aprendido YA no nos sirve. Es este el momento en que recuerdas al alumno que pretende que le ofrezcas la solución a los problemas de su proyecto, o al que quiere –o quizás necesita- el manual para hacer “buenos proyectos”, o al otro que comenta enfadado: ¡… pero si el otro día me explicaste lo contrario! Casi tengo por seguro que este es nuestro fin, el no poder dar a los alumnos un manual que les instruya en la búsqueda de soluciones, pues cada una de las posibilidades se convierte en una posible solución, o en quizás ninguna, pero siempre esto conlleva la aventura de buscarlas.

Una vez en el despacho, sobre mi mesa destaca un sobre que contiene un Cd y una invitación para un concurso. El topográfico, el programa y un manual, casi “libro”, de instrucciones. Todo, absolutamente todo está en él, hasta la “sugerencia” para la valla de cerramiento, el zócalo, el WC, los metros cuadrados para los balcones, a lo cual sigue una extensa enumeración de detalles, y todo esto porque es lo que la gente quiere, lo que la gente pide, lo que a la gente le gusta. Es el “libro de instrucciones de donde la gente quiere vivir”. Y así nos encontramos con un puzle formado por piezas que hay que intentar encajar en el agujero que no corresponde, a sabiendas de que si lo logras sencillamente habrás perdido.

Escribo estas consideraciones anclado en una pista de aeropuerto, en un avión que espera desde hace una hora para despegar, y rompiendo las reglas que la “simpática” azafata no cesa de repetir: ¡Apaguen todos los dispositivos electrónicos, por favor!

Al final, estoy aquí por una simple razón, encontrarme con mi otra parte de familia que se encuentra a cuarenta y cinco minutos de vuelo, y sin saber muy bien qué hacer. Supongo que no me dieron ese manual de instrucciones cuando vine a este mundo, o quizás un día dejé de seguirlo.

Marc Chalamanch