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25.3.12

Posesiones de nuestra experiencia


"No sólo con herramientas domesticamos el mundo.
Formas a las que damos sentido, imágenes y símbolos nos son esenciales para explorarlo.
Destilados de nuestra experiencia y convertidos en posesiones nuestras permanentes, estos símbolos nos proporcionan un nexo entre los humanos, y entre los humanos y la naturaleza.
Hacemos un mapa con los patrones de nuestra experiencia, un modelo interior del mundo exterior, y lo usamos para organizar nuestras vidas.
Nuestro 'entorno' natural se convierte en nuestro 'paisaje' humano, un segmento de la naturaleza penetrado por nosotros y convertido ahora en nuestro hogar".

Gyorgy Kepes, en la introducción de "The New landscape in Art And Science" recogida en la introducción de Joan Fontcuberta "Más cerca, más lejos" del libro "Good News / Buenas noticias" de Jordi Bernadó

(Fotografía Marc Chalamanch, Joal-Fadiout, Senegal 2007)

28.7.10

Aquel camino


Entre aguas y manglares seguía un camino que parecía no tener fin. Construido, ya nadie recuerda cuando, por la frágil mano del hombre. Bordeado por sutiles límites que lo acechan, el camino grita el deseo de no terminar ahogado en aguas de mar y río. El horizonte no deja ver su destino.

No existe otro camino, aunque este sea absolutamente desconocido. El agua marca una barrera infranqueable y sin ningún futuro para quienes quieran romper las reglas marcadas por los siglos. Los pájaros, junto con los troncos y las hojas de los manglares -movidos por el viento- son el susurro que lo invade todo al tiempo que la gente pasa, con prisas y la cabeza al suelo, con un rumbo claro. Cargados de bultos y cubos, que no delatan su verdadero objetivo. Con las caras tristes y cansadas, quizás por saber que el camino necesita de horas de rápidas zancadas para encontrar su propósito. Las miradas al suelo denotan la falta de una visión del final, y la monotonía del entorno hace que uno desaparezca entre los pensamientos más íntimos bajo un calor y una humedad irrespirable. Las piernas se mueven solas al andar, la vista al suelo no pierde el camino que lo lleva, irremediablemente, a su destino y deja que la mente vuele entre manglares para encontrar los mejores sueños.

Quién sabe si las lluvias de ayer dejaron el camino sin final, o si el destino desconocido entre manglares continúa escondido, o si bien desapareció ayer noche.

Después de media hora mirando el tiempo pasar, te das cuenta de la cantidad de gente que emprende aquel camino “perdido”. ¿Si hay un camino hay un sólo destino?

Es posible que aquel terraplen fuese una simple cinta de moebius en la que el destino lo trazaba cada uno, y el camino –simplemente- se construía con el tiempo recubierto de sueños.

Marc Chalamanch

(Fotografías Marc Chalamanch, Ile Egueye, Casamance)

13.5.10

Cuando el vacío llena



No es río ni mar, estás entre agua y arena, andas solo o casi solo. Al fondo las pateras buscan la tierra ansiada entre el miedo de grandes olas y sueños prometidos de dudosa credibilidad. El cielo lo rodea todo. Estás solo, únicamente con uno mismo. La Langue de Barbarie, Senegal.

¿Y se puede explicar? No creo… En el momento que explicas una cosa le cambias el sentido, o mejor dicho, este se pierde.

Qué difícil y hasta diría absurdo explicar lo que uno siente. Sentir. ¿La globalidad de los sentidos se puede transmitir con palabras? Cuando uno experimenta un espacio necesita recorrerlo, sentirlo, digerirlo, explicárselo, o mejor callar y sencillamente vivirlo.

Son aquellos momentos donde los silencios se vuelven imprescindibles y cada uno queda a merced de su interior. La bóveda celeste invade el infinito para sacar del fondo del alma el silencio, que explica más que millones de palabras. Andas sin rumbo, casi levitando sobre la arena y los riachuelos escurridizos que crea la marea. Sólo los cangrejos salen y corren para volver a adentrarse en sus escondrijos, como intentando molestar una mente que ya se encuentra lejos, en lo más profundo de nosotros mismos.

A veces uno se encuentra sólo a pesar de estar en medio de una multitud; otras, estando sólo se siente la compañía de uno mismo… este es el momento en el que todos nos damos cuenta de que nuestra alma no soporta más la exposición a la propia desnudez y necesita volver al ruidoso “mundo” para olvidarse de la abrumadora fuerza que lleva dentro.

El espacio te invade hasta volverte ínfimo, y entonces entiendes la gran suerte que tenemos los arquitectos de poder trabajar para este poderoso amigo, el espacio.

Marc Chalamanch

(Fotografías Marc Chalamanch, Langue Barberie, Senegal)

12.2.10

Atrapando el espacio


Salimos de Saint Louis, al norte de Senegal, con la intención de acercarnos a la frontera con Mauritania, a pesar de los sofocantes cuarenta grados de temperatura. El viaje, de varias horas, nos llevó a bordear los humedales de la Reserva de Fauna de Ndiael que en esta época del año está cerrada y se empieza a intuir la dureza del gran desierto. Íbamos nosotros dos y el conductor a bordo de un coche tan viejo que entre nuestros pies veíamos pasar el polvoriento camino. El trayecto por carreteras llenas de socavones y por caminos de tierra fina nos anticipaba la proximidad del desierto. Fue entonces que llegamos, después de una hora circulando sin destino entre humedales que se perdían en el horizonte, a un pequeño poblado de pescadores nómadas. El conductor se detuvo cuando le preguntamos sobre aquella gente y nos invitó a bajar y visitarlos.

Nos vinieron a saludar unos cuantos niños, con curiosidad, pero extrañamente sin pedirnos nada, y desde una alfombra de cañas trenzadas en medio del pequeño poblado nos saludaron -sin ninguna intención de levantarse- un par de hombres, invitándonos a sentarnos junto a ellos. Intentamos charlar con la ayuda de nuestro conductor reconvertido en intérprete, nos mirábamos y nos reíamos entre confusas preguntas y respuestas para aprender y conocernos. Mientras ellos nos ofrecían un té, nosotros les entregábamos algunas medicinas y otras cosas de uso diario que nos habían dicho que podrían necesitar en estos poblados. Más tarde, y agradecidos todos por el encuentro, nos despedimos con un largo adiós que ninguna de las dos partes sabía cómo finalizar. Justo después nos tomamos la libertad de dar una vuelta por las tres chozas que formaban aquel poblado, tal dos extraterrestres curiosos. Los niños nos perseguían por todos los rincones jugando con nuestras cámaras y haciéndose fotos entre risas, con la curiosidad del que no entiende la magia de la tecnología.

Entonces nos encontramos con una estructura de madera mínima que se levanta a un lado del poblado. Construida con troncos recogidos en los alrededores, constituye un nuevo espacio que se abre hacia el centro del poblado. La disposición de los troncos verticales que delimita el espacio y sustenta la cubierta a dos aguas, está construida de la misma manera. Es la estructura mínima necesaria para erigir la esencia de un espacio. Sólo le faltan unas cañas para cerrar las paredes y hojas para el techo, o quizás algún plástico traído desde muy lejos para conseguir una mejor impermeabilización debajo de estas.

La transparencia de la estructura no impide que su espacio interior este perfectamente formado y que ya constituya parte de la estructura del poblado, convirtiendo las diferentes cosas en un todo. Entrar en el interior de la estructura es, sin dudas, violar un espacio privado, quizás sin nombre aparente pero con su alma ya protegiendo sus límites. En un territorio totalmente horizontal el límite es el cielo, y un poco de cobijo para establecer los límites de la privacidad dentro del grupo es la función de esta pequeña estructura de madera.

Estructurar el espacio para hacerlo perceptible, entendible y habitable es al fin ser arquitecto, y dar respuesta a los límites de privacidad uno de nuestros encargos.

Marc Chalamanch

(Fotografía Marc Chalamanch)

2.11.07

cabanes del campament OCEAN & SAVANE a la Langue de Barberie, Saint Louis, Senegal

10.9.07

Tot el viatge per qui li pugui interessar a viatge a Senegal. Gràcies Bel